La política en Argentina de cara al 2019

Redactado por Iván Avilia y Tomás Del Castillo

A menos de un año para las elecciones presidenciales el escenario político argentino resulta incierto. Ante la crisis que sufre actualmente el gobierno de turno, intentaremos analizar a continuación como se encuentran los partidos políticos, tanto el oficialista como él opositor.

El gobierno nacional atraviesa una crisis de legitimidad debido a algunas decisiones que son criticadas y que afectan a gran parte de la sociedad, mucha que le dio su voto de confianza en 2015. Esto se debe a una ineficiencia a la hora de satisfacer las necesidades, retratada por Joan Oriol Prats como el concepto de gobernabilidad que trata específicamente de la capacidad de los actores para satisfacer las demandas de la sociedad. Aplicado al sistema de gobierno actual en Argentina, el principal actor es el Presidente, a quien se lo suele tener en el centro de las críticas de la opinión pública.

A partir de estas críticas es que el bloque opositor que continúa con Cristina Kirchner como referente, crece, por más que pareciera estar en “stand-by” y sin encontrar el rumbo de cara al 2019.Lo más visible de esto se encuentra en que personas que fueron decepcionadas y/o directamente afectadas por el gobierno se suman al partido básicamente por una mala gestión del gobierno actual.

Otro aspecto del gobierno de la conjunción política “Cambiemos” que se contradice con la gobernabilidad es el manejo de la economía. Prats manifiesta que “implícito a la gobernabilidad está la mejora del desempeño económico-social reforzado y generador de la mejora de lo político”. El presidente Mauricio Macri tuvo y está teniendo problemas con este tipo de desempeño lo cual afecta su relación de confianza con el pueblo.

El sistema de gobernabilidad suele actuar como un embudo, donde primero entran las demandas y necesidades de los habitantes. Éstas suelen ser excesivas y a veces contradictorias hasta el punto que superan las capacidades y recursos del Estado. Al mismo tiempo, estos recursos se ven reducidos por muchísimos casos de corrupción (no necesariamente de parte del gobierno actual). En la última etapa del embudo se encuentran las políticas públicas, es decir, lo que realmente hace el Estado como respuesta a las necesidades y demandas. Los problemas que afectan esta etapa suelen ser la falta de diseño para las obras a realizar, la dependencia del pasado de la mayoría de los gobiernos y muchas veces la baja orientación al interés público.

En este sistema descripto, se produce una falta de confianza de parte de los habitantes cuyas necesidades y demandas no son satisfechas. Aquí es donde se produce la baja legitimidad y el poco apoyo de parte de los habitantes hacia el Estado.

A partir de esta crisis de legitimidad del Estado surge un prejuicio: el Estado es inútil. Éste sería el nuevo prejuicio sobre la política del siglo XXI. Hannah Arendt había escrito sobre el prejuicio del Estado el siglo pasado: la política lleva a la muerte y puede causar la destrucción de la humanidad. Este prejuicio se debía a todas las guerras que habían ocurrido en aquella época por causas políticas. Los principales fundamentos eran el Genocidio Nazi en la Segunda Guerra Mundial, las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos a Japón y la violencia que era presente en todo el mundo. El prejuicio de hoy no tiene ningún caso específico, lamentablemente lo promueven la mayoría de los Estados que fracasan a la hora de satisfacer las necesidades y demandas del pueblo.

En este proceso mencionamos las capacidades del Estado. Vale la pena destacar que éstas dependen directamente del concepto de gobernanza. Se le llama de esta forma (o entramado institucional) a los procesos de interacción entre actores estratégicos, forjadas por un entorno de reglas previamente establecidas. En el caso del Estado, las capacidades van a depender de las relaciones o interacciones de cada uno de los actores del Estado. Muchas veces se limitan las capacidades por un impacto que una medida tomada pueda tener en la relación con algún actor principal. Por ejemplo, si el gobierno decide aumentar los impuestos de alguna rama del mercado, los sindicalistas que se vean afectados no van a estar contentos y les puede llegar a limitar algún recurso que previamente le ofrecían al Estado. En este ámbito, el gobierno, como actor, suele mostrar debilidad ante otros actores, por más que siempre sea el actor principal.

También se debe mencionar que, al ser el creador de las reglas formales y obligatorias, todos quieren que el Estado cree leyes a favor de sus intereses. Todos, sin excepción. Con esto volvemos a la primera etapa del embudo, cuando decíamos que las demandas suelen ser excesivas y contradictorias.

En este ensayo, plantearemos las virtudes y des virtudes tanto de Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner de cara a las elecciones del año próximo. Se tendrán en cuenta sus acciones, sus relaciones con los actores del Estado, como afectan su legitimidad y gobernabilidad y las razones de estas consecuencias.

 

Andrés Malamud y su visión sobre la política argentina actual

Andrés Malamud (politólogo) plantea que “el peronismo actual no implica desafío alguno para el gobierno”. Sin embargo, lo que la oposición no logra, lo puede lograr la crisis económica que no está pudiendo manejar el gobierno de Macri.

Malamud resalta que al gobierno actual le falta una identificación existencial, que los seguidores de Macri lo apoyan por la situación del momento, porque hace las cosas como ellos quieren que se hagan. Por el otro lado, los kirchneristas se sienten así, es una identidad, no solo una adhesión a la práctica. Además, menciona que los sectores del oficialismo tienen más entusiasmo a la hora de criticar el kirchnerismo que para defender su propio gobierno. Consideramos que esto también es un factor determinante para la crisis de legitimidad que atraviesa el gobierno. Si los que lo votaron lo siguen porque “hace lo correcto”, en el momento que éste deje de satisfacer sus necesidades, va a perder popularidad. Consecuentemente, ganan apoyo los opositores.

Un aspecto que beneficia a Cambiemos en esta disputa electoral es la mayor transparencia y menos corrupción que el gobierno anterior (por lo menos, no hay ningún caso popularmente conocido). Las encarcelaciones por corrupción que sufrieron varios actores del gobierno justicialista, decididamente perjudicaron su legitimidad. Sin embargo, como dice Malamud, todavía no pasaron muchos años desde que asumió el gobierno, por ende, hay muchos casos que puede que existan, pero todavía no han salido a la luz. En los primeros años del kirchnerismo, no había tal nivel de corrupción. “La corrupción es algo que se acumula, y en parte se acumula por insensibilidades; por eso la alternancia es la base de la democracia”. Lo que quiere decir con esto es que debe haber cambios en un gobierno, probablemente los casos de corrupción no hubieran salido a la luz si no hubiera habido un cambio de partido político al mando del Estado.

El gobierno también genera desconfianza con incoherencias. Por ejemplo: el Estado le pide a la gente que confíen e inviertan, sin embargo, ni siquiera ellos se animan a invertir, ¿Cómo van a influenciar al pueblo a hacerlo si ni ellos confían en ellos mismos? Relacionándolo con el concepto de gobernabilidad, entre las necesidades y demandas de los habitantes también se incluye la capacidad de invertir en el sistema económico, para esto, también hacen falta diversas políticas públicas de parte del Estado, al no haberlas, se convierten en una de las necesidades que el gobierno no satisface. En consecuencia, se profundiza la crisis de legitimidad y la frase “el gobierno es inútil” gana relevancia en la gente.

Más adelante, Malamud describe algunas razones de por qué la Argentina tiene un sistema de gobierno presidencialista. Cuando se le pregunta acerca de la participación de los partidos pertenecientes a la coalición política Cambiemos (es decir: el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica) en las decisiones del gobierno, él dice que las decisiones pasan por el presidente y el jefe de gabinete, que “se rodea con buenas cabezas” que los ayudan a determinar y definir políticas públicas. Esto crea también una especie de desconfianza en la misma coalición de partidos, ¿Si no pueden tomar decisiones, para qué son parte del partido? Se supone que Mauricio Macri no ganó las elecciones por sí mismo, sino que lo ayudaron los votos de los diferentes partidos que conforman la coalición. Esto crea decepción y enojo, no solamente en los actores de los partidos, sino también en los mismos votantes, es decir, el pueblo.

Otra crítica que hace Malamud, que puede también ser una discordancia con el pueblo, es que el gobierno actual no tiene en cuenta el pasado para la práctica en el poder. Simplemente busca el entusiasmo de la gente hacia el futuro, el fantaseo de que todo va a estar bien y ¿en qué momento nos aseguramos esto? El problema que tienen la mayoría de los gobiernos es que, en vez de mirar hacia el pasado, aprender de él y a partir de ahí mirar al futuro, hoy solo se piensa en las elecciones que viene y en el período de cuatro años. Esto provoca que el país nunca logra consolidarse, porque todos los gobernantes tienen una visión distinta. Sin embargo, Malamud resalta que esta es una filosofía característica del PRO, algo que los otros partidos no tienen: vitalidad y entusiasmo, característica que el peronismo fue perdiendo con los años.

Del lado del peronismo, el panorama es complicado, pero lo que necesita es un líder que todavía no apareció. La única figura popular es la expresidenta, pero las encuestas y las elecciones del 2017 son un ejemplo que no le alcanzaría para ganarle a una eventual reelección de Macri. Lo único que puede darle más chances es una crisis económica aún más profunda, que definitivamente le saque toda la legitimidad al gobierno de Cambiemos, como pasó al revés en las elecciones de 2015.

 

El futuro del peronismo

Luego de la derrota del 2015, el peronismo opositor intentó recuperar sus fuerzas en las elecciones legislativas de 2017, hecho que no llego a consumarse ya que nuevamente volvió a verse derrotado por Cambiemos en gran parte del país y hasta en lugares en donde siempre reinó, como en Santa Cruz, por un resultado del 43,93% de Cambiemos contra el 31,94% del FPV.

Esto significó la división total del partido, en donde personas que confiaban en el PJ viraron hacia otras fuerzas políticas menores o directamente se desaparecieron del ámbito político. Lo claro es que al peronismo le cuesta verse del otro lado del mostrador donde el poder y las decisiones las toman otros, le cuesta reinventarse, sobretodo en estos tiempos en los que el liderazgo del partido está en disputa, la cual puede terminar con alejamientos y personas heridas, como suele pasar.

 Además de sus problemas internos, el peronismo se encuentra con división entre los votantes que no son más los fanáticos que apoyan cualquier determinación que tengan sus referentes, sino que sus intereses son los que prevalecen; resulta mucho más complejo satisfacer las necesidades de aquel que no consigue un trabajo y corta las calles, como también las  del taxista que exige represión a estos y no le permiten trabajar.

También debemos decir que el PJ ha sabido sobreponerse a estas crisis, más precisamente luego del 2001, pero claro, ahora a un año de distancia de  las elecciones, el panorama resulta incierto y a merced de la toma de decisiones del gobierno actual y de lograr que se genere un “Anti-Macrismo” como sucedió  en 2015 donde ganó, más que cambiemos, el “Anti-Kirchner”.

El punto a favor con el que cuenta el peronismo, es que la mayoría de los sindicatos se siguen sintiendo identificados con los ideales peronistas y cuentan con su apoyo en las urnas.

Otro de los puntos a favor es que aunque sea menor, siguen existiendo votantes del llamado “peronismo duro” los cuales son determinantes para hacerle frente al gobierno.

En fin, si los líderes no aparecen, el peronismo deberá encomendarse a la cantidad de errores no forzados que cometa el gobierno nacional de acá al año próximo.

Por otra parte, Cristina Fernández de Kirchner, se encuentra en estos momentos en donde debe tomar decisiones de cara al futuro, o se fortalece de mano del peronismo histórico o atiende las demandas del momento y abre sus posibilidades por fuera del PJ.

 

Oportunidad para la oposición, según Mario Wainfeld

Según Wainfeld: “El gobierno nacional pifió feo cuando creyó que la rotunda victoria en las urnas lo habilitaba para incumplir el contrato electoral y virar (aún) más a derecha”. Abrir el debate parlamentario sobre la interrupción legal del embarazo no resultó una cortina a los problemas de fondo que tiene el gobierno actual. La política económica según Wainfeld ocupa el centro de la escena por más de que haya mucho interés en lo que sucede en el parlamento no le es suficiente para taparlo.

Tal es así que para Wainfeld, Macri perdió la pole position para las presidenciales. Sonará muy tajante en sus palabras, pero al día de la fecha la imagen del presidente esta desgastada, por más de que cuente con personas a su lado que mantienen a “Cambiemos” como la primera fuerza política de cara a 2019.

La reelección casi asegurada, teniendo en cuenta que el peronismo está naufragando en el desierto, parece no tener tanto asidero si todos estos problemas, tanto económicos como de tarifas, no son resueltos a la brevedad, puede que aparezcan los “Anti…”, estos mismos que le dieron el voto de confianza en 2015 y terminen dándole de su propia medicina al gobierno nacional.

Concluyendo, Wainfeld sostiene que por más que existan debates parlamentarios o que Argentina llegue a la final del mundo, “La resistencia y la política no se tomarán licencias”.

 

¿A qué se está enfrentando el PRO? Según Carlos Pagni

Carlos Pagni es un analista político que habló en una nota al diario perfil sobre la actualidad política y lo que le está pasando a los gobernantes actuales.

Lo primero y más importante que resalta es que “Macri tiene que lograr que el peronismo colabore a su propia destrucción” ¿Cómo es esto? Para mejorar su imagen pública y eventualmente su legitimidad, es necesario que los otros partidos se vean inútiles, no ellos. Una estrategia parecida había hecho en 2015, la diferencia es que ahora se tiene que sacar de encima ese prejuicio que la gente tiene hacia él. Esto tiene que darse de forma gradual y el primer paso fue la vuelta al poder de los sectores no subsidiados ni dependientes del Estado.

Para esto, Pagni también resalta tener comunicación con los otros actores del Estado, los gobernadores y los sindicatos. Aquí se resalta la importancia del sistema de gobernanza que debe haber en un gobierno: las interacciones entre ellos bajo ciertas reglas y regulaciones impuestas.

Sin embargo, Pagni dejó en claro que la coalición Cambiemos es “rara de ver”, por lo que puede llegar a ser una debilidad, debido a que pueden llegar a tener ideas distintas a la hora de manejar el país.

 

Conclusión

La política argentina no se encuentra en un buen momento. Los distintos analistas políticos junto con los argumentos que planteamos nosotros afirman que el gobierno actual está pasando por una crisis de legitimidad, debido a una falla en el sistema de gobernabilidad, en el que las necesidades y demandas de la población no logran satisfacerse por las políticas públicas impulsadas por el Estado.

Además, vemos que los partidos opositores, principalmente el peronismo, no logran consolidarse como competencia, es decir que, si llegaran a ganar las elecciones, tampoco lograrían una mejora. ¿A qué nos lleva esto? A caer en el prejuicio sobre la política más utilizado en el siglo XXI: la política es inútil, o, mejor dicho, los gobiernos lo son.

 

Bibliografía

 

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